8/8/10

Misantropía, nihilismo, existencialismo,...

Hace ya algún tiempo escribí un artículo en el que intentaba expresar lo que sentía en el momento: vacío existencial. Desde entonces pocas cosas han cambiando, de hecho una sola: ya culminé la carrera que estaba cursando, y tengo el título de ingeniero en sistemas. Por lo demás, todo sigue igual. Esto es, sigo creyendo que no tengo lugar en el mundo, que solo estoy aquí dejando pasar el tiempo, ocupándolo en cosas que no tienen ninguna finalidad y seguramente ningún beneficio para nadie.

En esta oportunidad, quiero agregar algunas cosas a mi reflexión de entonces: está bien que me declare misántropo a mí mismo? Y nihilista? Existencialista tal vez? Porque como dije aquella vez, en estos tiempos que corren todo tiene que tener un nombre. Por esto, yo elegí asignarle a lo que siento más de uno.

La misantropía consiste en la aversión generalizada hacia la especie humana, y particularmente a la sociedad. Generalizada porque no representa un desagrado por personas o minorías particulares (eso correspondería más a la xenofobia) sino a las características que son compartidas por toda la humanidad o, al menos, por los que son comunes a los miembros de la sociedad en la que se desenvuelve casualmente el misántropo. Puede manifestarse de múltiples maneras, desde el aislamiento y la autoexclusión, pasando por la crítica social, el sectarismo o hasta el comportamiento psicópata o el autodestructivo.

El nihilismo consiste en considerar que en la especie humana no existe ninguna finalidad superior inherente a ella, ni valores propios del ser humano. Para mucha gente, el nihilismo significa no creer en absolutamente nada, particularmente en dogmas cualquiera sea el origen de éstos. En realidad, para mí está más relacionado con la creencia de que no existen valores esenciales superiores a los que debe aspirar el ser humano, y que en cambio la existencia en sí misma no tiene ningún objetivo, significado o propósito. Además, como causa y consecuencia a la vez, los nihilistas son particularmente escépticos, destacando que en la realidad nada puede ser conocido con precisión, y aunque se pudiera, no tendría objeto.

El existencialismo consiste en descartar toda creencia en la existencia de una esencia humana, que lo hace diferente a otros animales, sino que el ser humano, al igual que éstos, está “arrojado al mundo”, con el único objetivo de existir por un momento para luego dejar de existir. En esto, lo único que diferencia al humano de otro animal es su discutible inteligencia y conciencia, teniendo así libertad para hacerse a sí mismo antes de dejar de existir.

A que viene todo esta diarrea verborrágica? A que en los últimos tiempos, me han pasado algunas cosas que si bien pueden parecer poco importantes, comparadas con las habituales en mi emocionante vida son destacables.

El primer hecho destacable digamos que ocurrió en febrero pasado, cuando despidieron a una compañera de trabajo por razones que para mí no eran justificables. No viene al caso qué fue lo que pasó, pero entonces me pareció que era el momento de cambiar de trabajo, no podía continuar en un lugar donde veía como entraba y salía gente como si fueran paquetes. El mismo día hablé con una conocida, que ya me había insistido varias veces para que me fuera a su trabajo, y le mandé mi currículum para que ella a su vez lo pasara a sus superiores. El hecho es que me llamaron a una entrevista para el día siguiente, a la que no fui, a pesar de que había pedido que la respuesta fuera rápida. Porqué no fui? Pues por dos razones: por un lado porque hablé con mis superiores y trataron de convencerme que era un caso puntual (yo sabía que no era tan así), y por otro por cobardía, comodidad y egoísmo: me gusta la estabilidad, soy reacio a los cambios y siempre tengo miedo de lo que puede pasar en el futuro, por lo que prefiero quedarme donde estoy, bien o regular pero cuasi seguro, a probar cosas nuevas que pueden salir rematadamente mal (el optimismo no es en absoluto una de mis cualidades). En su momento sentí que traicioné mis principios, porque me había prometido a mí mismo que si de iba alguien más yo lo seguía. Tras esto, reafirmé la idea de que solo trabajo para seguir trabajando, no tengo ningún objetivo que perseguir más que tener trabajo al día siguiente. Miro al futuro y me pregunto qué quiero o deseo, y la respuesta es contundente: nada. Esto implica que no estoy dispuesto a hacer ningún esfuerzo personal para mejorar, solo continúo donde estoy porque el esfuerzo que me exige es el que estoy acostumbrado. Aunque no me guste.

El segundo hecho destacable sucedió gracias a Facebook, lugar donde me metí por curiosidad y que poca importancia le dí al principio. Resulta que poco a poco se fue armando un grupo compuesto por muchos de mis ex compañeros de primaria, que intentaron armar eventos para reencontrarse, ponerse al día y en algunos casos retomar alguna amistad de la infancia. Si bien al principio me interesó un poco y traté de involucrarme, rápidamente me di cuenta de que el tiempo no cambia casi nada: yo sigo siendo el mismo tonto que está por fuera del grupo, prescindible y que solo era invitado por obligación o porque estaba en la misma clase. Cuando hablan de mí me siguen llamando de la misma manera despectiva (aunque afirmen que lo hacen porque es gracioso o simple), y cuando digo algo o bien lo ignoran o se burlan. Así que, sin quererlo, demostré otro punto: los grupos sociales no están hechos para mí. Yo no formo parte de ninguno de ellos, y nadie precisa que yo forme parte de ninguno de ellos; cuando lo hago, es solo para hacer número. Estoy de acuerdo que por mi manera de ser y hablar, la mayoría de la gente no considera útil o necesario y que, en general hace falta conocerme bien para descubrir algún resquicio de importancia, naturalmente casi siempre sustituible.

El tercer hecho relevante, si bien es anterior a los dos que ya describí, es más general. Resulta que por fin terminé la facultad y me recibí de ingeniero. Quienes fueron mis compañeros de estudio saben que nunca oculté mi desdén por el título, y que considero que no me cambia en nada tenerlo ahora respecto de antes cuando no era así, y que incluso estuve por abandonar un par de veces. Sin embargo, el cambio importante es que, al finalizar los estudios, también se cortaron las relaciones que tenía con la mayoría de mis compañeros, por no decir todos, y al menos en gran medida. Así, cada uno tomó por caminos diferentes, con la salvedad de que algunos de ellos trabajan juntos y por lo tanto continúan viéndose y otros aún siguen estudiando juntos. Incluso con la compañera con la que curse la mayoría de las últimas asignaturas, incluyendo la tesis de grado y con la que nos recibimos casi simultáneamente, he perdido el contacto (tal vez el no haber asistido a su casamiento por iglesia la molestó, pero ella sabe que evito las reuniones donde yo sería un perfecto desconocido). No me resultaría para nada complicado ponerme en contacto con ellos, tal vez mandar un email, una llamada telefónica o incluso una conversación por chat, pero con qué sentido? Qué pueden querer ellos de mí que no tengan ya? Qué tengo yo para ofrecer para que alguien quiera que lo contacte?

El cuarto y último hecho que quiero destacar no me involucra directamente a mí pero me hizo pensar, y a su vez en el marco de una discusión me hizo decir algo que molestó a un par de personas: resulta que en Catalunya aprobaron una ley que prohíbe las corridas de toros. Fue algo que me puso contento; pocas son las personas que me conocen y no saben que prefiero saber que un animal no es torturado (porque eso hacen con los toros en las corridas) a que una persona vive decentemente. Quiero decir, a mi entender vale más un toro o un caballo de esos que tiran de un carro de basura, que un torero o uno de esos que los conducen, haciendo al animal trabajar durante larguísimas jornadas sin descanso, a veces enfermo, lastimado y sin darle agua o comida.

Cuando me puse a pensar en todas estas cosas, fue cuando me di cuenta de que tanto el existencialismo, como el nihilismo, como la misantropía pueden aplicarse a mí. Soy claro: no tengo ningún aprecio por la humanidad. Justamente de eso se trata la misantropía. No creo que nada bueno pueda surgir del ser humano, y por supuesto no creo que el ser humano sea un animal superior. Tampoco creo que la sociedad me pueda ofrecer algo; no soy de los que está enojado con la sociedad, y de los que le echa la culpa, ni creo que la sociedad me deba nada, sino que soy de los que creen que la sociedad está porque está el ser humano; no siento la necesidad de incluirme en ella, no necesito que nadie me diga que tengo que salir más, tener más amigos o integrarme a grupos. Soy así, y no es una enfermedad. Quiero vivir como me sea más sencillo hasta el día que yo quiera, o hasta que me llegue la hora, lo que sea antes. No quiero realizar mi mejor esfuerzo para nada, porque se que cualquier cosa que pueda lograr es efímera, por no decir innecesaria. Nunca, o casi nunca, me esforcé más de lo mínimo necesario para alcanzar lo que era justamente necesario. Mis objetivos siempre estuvieron limitados a muy poca cosa, y ya casi no me quedan, ni los busco.

La sociedad es una masa hipócrita. Está llena de mensajes que hablan en plural pero apuntan a la individualidad. El éxito siempre es algo individual. La meta última de toda persona debe ser el éxito individual, a costa de lo que sea. Porqué las personas como yo que no aspiramos al éxito, ni a perdurar, ni siquiera a vivir, y que en cambio no renegamos del derecho a disponer de nuestra vida y muerte cuando queramos, somos considerados los extraviados, los que debemos ser corregidos, los que no encajan, los enfermos sociales? Porqué tenemos que integrarnos más con otras personas? Si todos vamos a terminar de igual manera, qué sentido tiene?

Puedo reconocer algo: hay momentos en que quisiera tener más amigos (si es que tengo alguno en realidad que no caiga en la categoría de compañero de trabajo o estudio, conocido o vecino), o incluso mantener más contacto con los que me conocen. Pero resulta en que cada vez que pienso en ello en seguida reflexiono en qué tengo yo para dar y resulta que nada. Lo único que tengo para dar es realismo negativo de sobra, de lo que todos llaman pesimismo... y un humor que a nadie cae bien ya sea porque es demasiado ácido (la realidad lo es), o porque la ironía o el sarcasmo no es entendido... en otras palabras, solo tengo aburrimiento, apatía y estupidez... y la gente se cansa rápido de eso, está comprobado.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Que grande eres madre mía me siento tan identificado. Sólo que yo tengo un par de muy buenos amigos que considero como hermanos. Pero en todo lo otro soy igual.

Anónimo dijo...

Así, de repente me interese por estos temas y afortunadamente me encontre con tu entrada. Solo decirte gracias por esas palabras que yo sería incapaz de expresar y ojalá escribas pronto que aqui tienes alguien que estaría encantada de leerlo. Por ultimo te dejo esta frase de Frida K. que expresa lo que he sentido al leer tu texto «Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que el también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.»

Monotémpora dijo...

Gracias por explicar como te sientes. De vez en cuando (a pesar de la misantropía) es agradable leer que hay otros que también sienten incomodidad ( ¿o comodidad?) por las incongruencias de la vida diaria. Un día te encuentras luchando por algo y al otro día te das cuenta que no servía de nada, que el animal al que dices que estás salvando con pancartas es precisamente al que vistes con un bolso, o cartera sin darte puta idea de que así era. Te mando un abrazo, aunque lo rechaces. Yo lo haría de igual forma. Pero la intención anda y se acomoda en esos ratos cuando uno se siente sensible y tiene necesidad de tomar un poco de lo que continuamente rechaza.

Atte: Monotémpora

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo en lo que expresas y mi admiración de cómo lo expresas, pero ¿has pensado en la posibilidad de que esas posturas ante la vida no sean más que una manifestación de unos rasgos esquizoides o de una depresión cronificada? No digo que sea tu caso, pero yo antes y durante muchos años he opinado exactamente igual que tú sobre mí, la vida y el ser humano. Ahora no es que mi vida tenga un sentido. Tampoco lo busco. Simplemente disfruto lo que me quede de vida o de relativa salud, porque la opción alternativa me parece peor.

De todos modos, no eres un caso perdido. Escribes un bitácora y eso te satisface (o de lo contrario, no lo harías) y nos satisface a los que te leemos.

Gracias por hacer que mi vida durante un instante haya sido un poquito mejor (sinceramente ¿a qué más podemos aspirar?).

Anónimo dijo...


No soy de comentar las entradas en los blogs, pero en esta ocasión me apetece, aunque a medida que voy escribiendo le voy encontrando el sinsentido a compartir mi opinión ( pero intentaré enviarlo finalmente)
Últimamente me ha dado por encontrar ese rebaño, esa etiqueta, esas personas, algo... que comparta mi manera de pensar, de ser.
Y leyendo sobre nihilismo, existencialismo... he llegado aquí. y la verdad ha calmado esas pequeñas ansias de no sentirme sola con mis pensamientos.
Si es cierto que comparto muchas de las cosas que dices aunque difiero en algunas, soy optimista aunque todo este perdido ( sin intentar cambiar causas perdidas, evidente), también un poco hedonista… soy un vómito ácido.
Podría contarte mi vida y todos mis pensamientos pero acabaría por no enviarlo. Así que lo dejo aquí, agradeciéndote por tu entrada, mandándote saludos. y... ya.
Abrazo!

S

Felix Joel De Jesus dijo...

Hay una serie de animación japonesa que trata esos temas,de forma muy interesante, neón génesis evangelio