26/8/10
Duelos y honor
El duelo tradicional
El término duelo proviene, aparentemente, del latín duellum, que a su vez derivaría de otra palabra latina, bellum, que significa querra. Tradicionalmente se lo asocia a una contienda bélica entre dos personas, “mano a mano”. La participación en un duelo se considera una muestra de heroísmo, en el cual uno de los participantes desea limpiar su honor de algún tipo de agravio que pudo haberle hecho el otro. Si bien este tipo de prácticas parece haber sido usual desde los albores mismo de la humanidad, el concepto de duelo formal tuvo sus orígenes durante la Edad Media. A pesar de que la Iglesia Católica aboliera el duelo como medio legal de resolver disputas personales en el siglo XIII, durante el Renacimiento la práctica del duelo era usual, particularmente cuando un caballero consideraba que su honor personal había sido mancillado; durante esta etapa, incluso, muchas sociedades produjeron leyes que reglamentaban el derecho a duelo, y su ejecución.
De esta manera, el duelo como método para dirimir un pleito, o para salvar el honor dañado, de la forma que ahora lo conocemos, fue impulsado principalmente en el siglo XVII en Italia y Francia. El duelo debía consistir en un combate armado entre dos personas, ante la presencia de testigos, establecido por iniciativa de una de las partes. Hasta se imprimían manuales, llamados Códigos de Honor, en los que se establecían normas que dictaban cómo actuar ante diferentes tenores de ofensas, e indicaban las responsabilidades de los participantes en caso de llegarse al duelo, incluyendo las tareas de los padrinos (delegados o asistentes), testigos, y demás involucrados. Incluso existían recomendaciones sobre quiénes podían participar en duelos, teniendo en cuenta las diferentes incapacidades físicas, desde auditivas, visuales y motrices, o qué hacer si alguno de las partes presentaba algún impedimento físico invalidante total o parcial. También establecían cuestiones técnicas sobre el combate, indicando, entre otras cosas, cómo habrían de colocarse inicialmente los contendientes, la distancia que debería mediar entre ellos (en el caso de duelo a pistola), la forma de desplazarse (si era posible), y quién y cómo habría de indicar el comienzo y fin del combate; incluso algunos ponían condiciones sobre la vestimenta (por ejemplo, para evitar prendas reforzadas).
El reto a duelo en muchas ocasiones tenía tintes pintorescos, ya que en algunos casos se requería que el proponente abofeteara a su supuesto agresor, o que lanzara uno de sus guantes a los pies de éste (de ahí la expresión “tirar el guante”). En otros casos, tomaba matices más formales, requiriendo que un mensajero entregara personalmente un mensaje de reto a duelo, debiendo éste mismo transportar la respuesta. Por lo general, una vez aceptado el duelo, ambas partes debían nombrar un delegado o padrino (en algunos casos más de uno), entre quienes se acordaría el lugar y el momento, dejando a decisión de los duelistas la selección del arma, pudiendo, según la época o la cultura, tratarse de armas blancas (espadas o cuchillos) o de fuego, las cuales muchas veces eran confeccionadas exclusivamente para el evento; en algunos casos, se permitía el uso de otras armas no convencionales, o la realización de la contienda a caballo. Correspondía también a los padrinos verificar que las armas fueran idénticas, y ambos contendientes estuvieran en igualdad de condiciones (excepto por las características o habilidades personales de cada uno, claro está).
El hito de finalización del duelo dependía, comúnmente, del contexto social, cultural o histórico en el que se desarrollaba, pero de todas maneras siempre quedaba a disposición de la parte ofendida. Entre los hitos más usuales, podía darse el duelo por concluido cuando uno de los oponentes fuese herido aunque sea levemente (a primera sangre), cuando uno de ellos no pudiese continuar por las heridas recibidas (a herida grave) u otra razón justificable, o cuando una de las partes diera muerte a la otra (a muerte). En el caso del combate con armas de fuego, podía establecerse también un límite de disparos (típicamente uno o dos), tras el cual si ninguna de las condiciones anteriores estuviera dada, de todas formas el ofendido podría declararse satisfecho; de hecho, la parte ofendida podía solicitar la detención del duelo en cualquier momento si consideraba que su honor estaba salvado.
No pocas veces ocurría que el supuesto ofensor no hubiese tenido la intención de hacer la ofensa, pero rechazar una invitación a duelo era considerado una ofensa aún mayor, ya que significaba no permitir a la otra persona defender su honor, y también significaba una deshonra pública para el retado, por lo cual la invitación era aceptada por compromiso. En estos casos, era también usual que este participante no hiciera mayores esfuerzos por agredir al otro, lo que no dejaba de resultar una práctica arriesgada. En el caso de duelo con pistolas, se le daba el nombre de delope (en francés, errar) a la acción de fallar el tiro en forma deliberada, dejando en claro que no se tenía intención de agredir al oponente, aunque en algunos lados esta práctica estaba prohibida y se consideraba un agravio más.
Una vez finalizado el duelo, se consideraba el tema saldado, y bajo ningún motivo podía repetirse el duelo por la misma causa. Si el ofensor resultaba victorioso, se consideraba que su culpa (si existía) quedaba expiada, mientras que si el vencedor era el ofendido su honor quedaba reparado. En el caso de que alguno encontrara la muerte, recibía el mismo trato que el vencedor, es decir, se consideraba saldada su deuda o reparado su honor.
La impuntualidad era considerada una descortesía para con la otra parte, y la no asistencia un acto de cobardía. Usualmente, se establecía un tiempo máximo de espera, vencido el cual la parte presente tenía el derecho de retirarse con todo el honor, y la parte ausente perdía el derecho de retar nuevamente a duelo al otro.
No puede ignorarse que el hecho de participar en un duelo no era solo una cuestión individual, sino que significaba exponerse al público, demostrar la propia valentía y el sentido del honor personal. Esto significa que, por lo general, el duelo no se reducía solo a ganar, sino a hacerlo de manera limpia, ya que las acciones de cada uno serían evaluadas por los testigos y por la sociedad en su conjunto.
Duelos en Uruguay
En Uruguay, desde la llegada de los primeros europeos el duelo se constituyó en una forma tradicional de saldar pleitos, especialmente entre las clases bajas. En particular, en el medio rural, entre los gauchos el duelo era tan habitual como la bota de cuero, y no presentaba tanta formalidad pero sí más violencia, siempre a punta de facón y casi siempre terminando con la muerte de uno de los contendientes. Aunque normal, no era una práctica legalmente aceptada, y era castigada por los propietarios de estancias y los dirigentes.
La imagen más usual de un duelo criollo seguramente sea la que involucra a dos gauchos frente a frente, cada uno con un poncho envuelto en un brazo y un facón o cuchilla grande en la otra mano. Estos encuentros podían ser acordados de antemano, pero muchas veces sucedían a hechos puntuales y momentáneos, como reacciones mecánicas, y en donde el alcohol también participaba. En muchos casos, cualquier palabra o mirada podía ser causa de reto a duelo, particularmente cuando viejos resentimientos clamaban por una pelea, o una mujer quedaba en medio de dos pretendientes. En cierta medida, las pulperías o boliches de campo, además de servir de expendio de alimentos y productos necesarios, también constituían el punto de reunión de malevos, algunos buscando a un ofensor con quien ajustar cuentas, otros simplemente buscando alguien con quien exponer su honor y su hombría. El duelo gauchesco, o de “compadritos”, ha tenido amplia difusión en la literatura criolla. Muchos de los cuentos de Jorge Luis Borges, y de otros autores tienen su argumento en pleitos que fueron dirimidos mediante duelos.
Por el lado de las ciudades, sobre el siglo XIX, los duelos tampoco eran legalmente aceptados, pero de todas maneras se desarrollaban regularmente, siendo secretos públicos (los periódicos publicaban partes sobre ellos pero sin informar la fuente ni mencionar testigos, principalmente debido a que éstos estaban forzados por su honor a no denunciar los hechos, y porque no pocas veces los participantes eran reconocidas personalidades de la alta sociedad y de las clases dirigentes). Escribía Mariano José de Larra, un escritor, periodista y crítico español en 1835 [4]: “Mientras el honor siga entronizado donde se le ha puesto; mientras la opinión pública valga algo, y mientras la ley no esté de acuerdo con la opinión pública, el duelo será una consecuencia forzosa de esta contradicción social. Mientras todo el mundo se ría del que se deje injuriar impunemente, o del que acuda a un tribunal para decir: «Me han injuriado», será forzoso que todo agraviado elija entre la muerte y una posición ridícula en sociedad. Para todo corazón bien puesto la duda no puede ser de larga duración, y el mismo juez que con la ley en la mano sentencia a pena capital al desafiado o al agresor indistintamente, deja acaso la pluma para tener la espada en desagravio de una ofensa personal”. De hecho, en el código penal de 1889, quedaba tipificado como delito todo acto que involucrara un duelo, desde el reto de una persona a otra, la aceptación del mismo y por supuesto, la participación en dicha actividad, especialmente si como consecuencia de la misma alguien resultaba herido o muerto.
Sin embargo, comenzando el siglo XX, aún se desarrollaban duelos formales en forma ilegal. Estos, si bien se desarrollaban con toda la formalidad que correspondía, incluso en muchos casos labrando actas de todo lo actuado, solían llevarse a cabo en parajes alejados o en horas de la noche o bien temprano, a los efectos de evitar testigos indeseados. En este tipo de eventos no era fácil ver a sacerdotes u otro tipo de representantes de la Iglesia Católica debido a que ésta condenaba, al menos oficialmente, estas prácticas.
Entre los duelos más importantes del siglo XX se destaca el del 2 de abril de 1920 en el que el dirigente colorado y ex presidente (por dos veces) José Batlle y Ordóñez diera muerte al joven abogado, periodista y político blanco (miembro de la Asamblea Constituyente de 1918-1919 y entonces diputado) Washington Beltrán, luego de haber intercambiado acusaciones mutuas a través de múltiples artículos publicados en los diarios El Día (del cual Batlle y Ordónez era dueño) y El País (sucesor del diario La Democracia como órgano de prensa del Partido Nacional, y cofundado por Beltrán) hasta que el ex presidente colorado retara a duelo a Beltrán. El duelo se llevó a cabo en el centro de la cancha del Parque Central, estadio del Club Nacional de Football, sobre el mediodía, usando como armas pistolas de un solo tiro, las cuales debieron ser recargadas debido a que ambos contendientes fallaron el primer disparo; en la segunda oportunidad, el colorado, de 64 años de edad, acertó en el pecho de su oponente, quien murió pocos minutos después, a los 35 años. El artículo que desató la ira de Batlle y Ordónez había sido publicado unos días antes bajo el título “Qué tupet!”, y comenzaba diciendo “El campeón del fraude acusa al Partido Nacional”, en alusión al dirigente colorado. Tres meses antes, el 13 de enero, el propio Batlle y Ordóñez había participado en otro duelo, sable en mano, ante el Dr. Leonel Aguirre, cofundador del diario El País (con Washington Beltrán y Eduardo Rodríguez Larreta), también por artículos publicados por dicho diario que hacían alusión al ex presidente, y también convocado por éste por sentirse agraviado. En este caso, el duelo se desarrolló en la ciudad de Pando y la victoria correspondió a Aguirre por haber logrado herir a Batlle y Ordóñez en el brazo izquierdo, dejándolo en manifiesta inferioridad según criterio de los médicos que acompañaban a cada uno.
La Ley de Duelos
En 1920, cuatro meses después del duelo Batlle y Ordóñez – Beltrán, se promulgó en Uruguay la ley 7253, llamada Ley de Duelos, que reglamentaba los enfrentamientos personales, estableciendo un marco legal para que éstos pudieran desarrollarse sin implicar un delito, siempre y cuando se hiciera dentro de ciertas normas. La ley establecía que, como primera alternativa, los padrinos tenían un deber conciliatorio, para lo cual deberían conformar un Tribunal de Honor, cuyo objetivo sería la búsqueda de la reconciliación entre las partes; los padrinos de cada parte deberían designar un miembro, y éstos deberían designar al tercero. Sólo en caso de no lograr su objetivo, deberían acordar las condiciones en que se desarrollaría el duelo. En caso de llegar al duelo, la ley no establecía cómo debería implementarse, sino que delegaba esta función a un Código de Honor, redactado por el Dr. Pedro Coral Luzzi. Una curiosidad de la ley, es que actuaba en forma retroactiva, intentando legitimizar duelos ocurridos con anterioridad (como de Batlle y Ordóñez – Beltrán), ya que el artículo 10, el último, rezaba: “El artículo 1 de la presente ley se aplicará a los duelos efectuados antes de la promulgación de la misma, aún cuando no se haya sometido al Tribunal de Honor el caso que motivó el duelo”.
Entre los duelos más relevantes desde que entrara en vigencia la Ley de Duelos se encuetra el del 26 de enero de 1924, cuando se batieron a duelo con pistola el Coronel Riverós, por entonces titular del Ministerio de Guerra y Marina bajo la presidencia del Dr. José Serrato, y el dirigente colorado y ex presidente (hasta el año anterior) Dr. Baltasar Brum. El motivo fueron las durísimas críticas de Brum al proyecto de Riverós de instaurar el servicio militar obligatorio. El lance se llevó a cabo en la quinta del Dr. Domingo Veracierto, pero Brum optó por bajar su arma sin disparar, y Riverós, al notar la actitud de su oponente disparó al aire, dando por finalizado el duelo.
En 1934, una revisión del código penal reafirmó la legalidad de los duelos, siempre y cuando fuese hecho bajo las condiciones que marcaba la Constitución de 1920, castigando cualquier actividad de “duelo irregular”.
En 1957, el Dr. Luis Batlle Berres, sobrino de don Luis Batlle y Ordóñez, también se vio involucrado en un duelo. La razón fueron sus continuados ataques al Ejército Nacional, al que consideraba una entidad que no servía para nada. Esto molestó a varios de sus integrantes, reinando en la institución castrense un ambiente antibatllista; en particular el general Juan Pedro Ribas, un reciente ex ministro de defensa, se sintió ofendido. En el cruce de acusaciones que se produjo entre ambos, Batlle, siguiendo la tradición de su tío retó a duelo al militar, que se llevó a cabo el 22 de noviembre, y en el cual el dirigente colorado resultó gravemente herido.
Durante la década de 1970, antes y después del comienzo de la dictadura cívico militar (1973-1985) , también se desarrollaron varios duelos que involucraron a influyentes personalidades de la época, e incluso de la actualidad: Manuel Flores Mora (“Maneco”) ante el Dr. Julio María Sanguinetti, el mismo Manuel Flores Mora ante el Dr. Jorge Battle Ibáñez, Danilo Sena ante Enrique Erro, y el general Líber Seregni ante el general Juan Pedro Ribas.
Los duelos de Flores Mora ante Sanguinetti y Batlle fueron consecutivos y por la misma razón: Flores Mora había acusado a Batlle de presionar para provocar una nueva devaluación de la moneda, y lo acusaba de haberse beneficiado con la anterior devaluación en 1968 (la famosa “infidencia” de Batlle). No estando presente el propio Batlle, la posta la tomó el Dr. Sanguinetti, director del diario Acción, quien en su editorial trató a Flores Mora de traidor, demagogo e irresponsable, lo que llevó a que éste retara al primero a un duelo. El combate habría de desarrollarse el 21 de octubre de 1970 con sable de doble filo y punta, hasta que alguno cayese o ambos resultasen heridos; finalmente, tras alrededor de un minuto de combate ocurrió lo segundo. Posteriormente, otro editorial en el mismo diario, esta vez firmado por Jorge Batlle Ibáñez, hijo de Luis Batlle Berres y sobrino nieto de Luis Batlle y Ordóñez, llevó a que Flores Mora volviera a exigir una reparación, con las mismas condiciones. El duelo se desarrolló el 11 de noviembre en la base aérea número 1 de la Fuerza Aérea Uruguaya, con exactamente el mismo resultado, aunque requirió seis asaltos de dos minutos cada uno. En ninguno de los dos casos hubo, después del duelo, reconciliación entre las partes. Casualmente, los tres involucrados (Flores Mora, Sanguinetti y Batlle) pertenecían al Partido Colorado.
Un año después, se enfrentaron con pistolas los generales retirados del Ejército Uruguayo Líber Seregni y Juan Pedro Ribas, pocos días después que ambos fuesen candidatos a la presidencia de la República (Frente Amplio y Partido Colorado respectivamente). En este caso, Ribas había sostenido, durante la campaña electoral, que Seregni era un militar traidor a la patria por haber aceptado ser candidato a presidente de un partido “comunista”, razón por la cual este último le envió a sus padrinos luego de las elecciones. La contienda tuvo lugar en Pando el 7 de diciembre de 1971, y a pesar de que habían acordado un duelo a dos disparos, el director decidió cancelar el duelo luego de que ambos fallaran el primer tiro debido, aparentemente, a que Ribas se tomó tiempo para apuntar, algo que, según el Código de Honor, está prohibido (aunque Ribas adujo que no había escuchado la orden de hacer fuego). Antes, el 10 de agosto del mismo año, se debatieron a duelo el ex ministro por el partido nacional y entonces parlamentario por el Frente Amplio Enrique Erro y el brigadier Danilo Sena, entonces titular del Ministerio del Interior; las características fueron las mismas: también fue a pistola, nadie salió herido y tampoco hubo reconciliación. Oficialmente, estos fueron los últimos dos duelos “legales” en la historia del país.
En 1990 el entonces inspector de la policía Saúl Clavería retó a duelo al entonces y actual director del diario La República Dr. Federico Fasano Mertens debido a acusaciones que publicara su diario referidas a supuestas actividades de contrabando y narcotráfico que realizara el funcionario público y que, según un tribunal de honor, no tenían fundamento. Al principio, Fasano declinó participar del duelo, indicando que tal actividad iba contra sus principios (“aceptar batirme a mano armada con otro ser humano no entra en los códigos de conducta que elegí para mi azarosa vida. Repugna mi conciencia y estremece mis neuronas” [2]), y que de verse obligado a hacerlo, no intentaría defenderse (“[El tribunal de honor] me dará la razón. Y si no me la diera y me obligara a batirme, concurriré al campo que se me indique con la conciencia serena a ponerme a disposición del inspector Clavería, para que pueda calmar su peculiar sentido del honor [...] no violaré mi juramento de vida, que no intentaré herir a ser humano alguno, que no empuñaré las armas que me entreguen los padrinos, que, si las empuñare, no las utilizaré, que no me defenderé bajo ningún concepto, y que, sin embargo, no faltaré a la cita” [2]). Finalmente, Fasano aceptó el duelo bajo tales condiciones, pero éste no se llevó a cabo ya que Clavería no se presentó. Lo curioso del caso es que Fasano, director de un diario de corte izquierdista, había elegido como padrinos a sendos directores de diarios de la competencia, de filiaciones derechistas, quienes terminaron por no aceptar el ofrecimiento cuando Fasano declaró que no pensaba defenderse.
Hubieron otros duelos remarcables que pudieron ser pero no fueron. Uno de ellos, en 1901, involucró al excéntrico escritor Roberto de las Carreras y al periodista Alvaro Armando Vasseur, cuando este último publicó en el diario El Tiempo una artículo sobre el primero nada favorable, pero cuando el dandy lo retó a duelo, Vasseur se negó a aceptarlo por ser de las Carreras un bastardo (lo que éste no solo no rechazó, sino que siempre lo proclamó con orgullo). Otro duelo que pudo ser pero no fue, por razones tragicómicas, fue el que tenían acordado en 1902 el poeta Guzmán Papini y Zas con Federico Ferrando, pero al que éste no pudo asistir debido a que unos días antes, su amigo, el escritor Horacio Quiroga, lo mató accidentalmente de un tiro cuando lo preparaba para la contienda.
El duelo que no fue entre Fasano y Clavería desató discusiones tanto en el ámbito nacional como internacional, que llevaron a que en 1992, durante el gobierno del nacionalista Dr. Luis Alberto Lacalle, se aprobara la ley 16274 que dejaba sin efecto a la ley 7253 y ciertos artículos del código penal y por tanto los duelos volvían a ser considerados fuera de la ley, y la participación en cualquier nivel en uno era pasible de sanciones penales. De todas maneras, hasta la actualidad no pocas personas han admitido que la Ley de Duelos, o alguna similar, podría llegar a analizarse, debido a que, según afirman, existe un vacío legal ya que las leyes actuales no son capaces de asegurar la preservación del honor de las personas, y la restauración rápida y eficiente cuando el mismo es dañado. Sobre esto, en una carta escrita en 1999 a la Suprema Corte de Justicia por el ex presidente Dr. Luis Alberto Lacalle y publicada en [8] decía “[...] Derogada la ley de duelos, recayó en el Poder Judicial la exclusiva tarea de defender el honor del particular, arbitrariamente vilipendiado, reparándolo en esos casos y condenando a quien lo lesionó ilegítimamente. Es notorio que han fracasado en tan básica misión. Nadie, no yo, nadie que haya sido agraviado en su honor ha encontrado una tutela en el Poder Judicial.[...]”. Entre otras de las personas que en algún momento han expresado que podrían considerar una ley equivalente a la Ley de Duelos, se destacan el ex presidente colorado Julio María Sanguinetti , el parlamentario blanco y ex vicepresidente Dr. Gonzalo Aguirre (quien escribió en un editorial del diario El País de 28 de marzo de 2005, que [9] “[...]Siendo los legisladores irresponsables por sus actos funcionales (Art. 112 de la Carta), los lesionados por sus dichos públicos no podrían llamarlos a responsabilidad en vía judicial. Ni al duelo podrían apelar, tras la errónea derogación de la ley de duelos, en 1991(sic) [...]”) y el senador comunista Eduardo Lorier (este último, tras ser acusado de “travesti político” por un miembro de Asamblea Popular, en 2010, declaró a un programa periodístico “Quizás algún día se pueda recuperar la Ley de Duelo para zanjar este tipo de cosas como se debe. Nosotros no podemos dar el mal ejemplo ni contestar esas barbaridades ni tomar medidas personales”).
La ley 16274, que aún está vigente, cuenta con 6 artículos, fue aprobada por el senado el 1 de julio de 1992 (entre paréntesis se indica el resultado de la votación) [10]:
"ARTICULO 1°. - Derógase la Ley N° 7.253, de 6 de agosto de 1920, y los artículos 38 y 200 a 205, inclusive, del Código Penal de 1934". (aprobado, 20/28)
"ARTICULO 2°. - Recibida la instancia por delito de difamación o injuria el Juez convocará a una audiencia pública, quedando los autos de manifiesto en la oficina. Denunciante y denunciado podrán proponer prueba hasta cinco días antes de la fecha fijada para la audiencia". (aprobado, 19/27)
"ARTICULO 3°.- La audiencia será presidida por el Juez, con la presencia del Fiscal, quien podrá hacerse representar por un funcionario letrado de su oficina. \ Denunciante y denunciado comparecerán con asistencia letrada, prestarán declaración y participarán en la recepción de la prueba. \ En la audiencia, prorrogable a criterio del Juez, se diligenciará la prueba ofrecida así como la propuesta por el Juez o el Ministerio Público, en su caso, en cuanto fuere admisible de acuerdo con lo establecido por el artículo 336 del Código Penal" (aprobado, 18/27)
"ARTICULO 4°.- El Ministerio Público solicitará el procesamiento del denunciado o el archivo de los antecedentes, en su caso. \ La conciliación, que será obligatoriamente tentada por el Juez, determinará el archivo del expediente. \ La retracción inequívoca del ofensor no aceptada por el ofendido configurará una circunstancia atenuante. \ El denunciante podrá desistir de su denuncia mientras no exista sentencia ejecutoriada. De no mediar oposición del denunciado, se archivará el expediente". (aprobado, 18/26)
"ARTICULO 5°.- El denunciante podrá solicitar en su demanda que el fallo sea publicado en un medio de circulación nacional y el Juez así lo dispondrá con cargo al denunciado, si éste resultare condenado, o al denunciante, si se dictare fallo absolutorio". (aprobado, 19/25)
"ARTICULO 6°.- Decretado el procesamiento regirán las disposiciones pertinentes del Código del Proceso Penal". (aprobado, 18/25)
Según el informe que se puede encontrar en [4], desde 1920 hasta 1992, período en que estuvo vigente la Ley de Duelos, se plantearon cerca de 500 desafíos, alrededor de 30 duelos tuvieron lugar, y sólo una persona encontró la muerte.
Referencias
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Duelo
[2] http://www.elpais.com/articulo/ultima/URUGUAY/Federico/Fasano/elpepiult/19900303elpepiult_1/Tes/
[3] http://www.denorteasur.com/asp/articulo.asp?numero=234&id=315
[4] http://www.elrincondelasospecha.com/index.php/la-lupa/investigacion/49-academica/72-conflicto-entre-el-derecho-a-la-informacion-y-el-derecho-al-honor
[5] http://www.raicesuruguay.com/2010_08/barrio_sayago.html
[6] http://www.uruguayinforme.com/news/12032010/12032010_dornel_duelos.php
[7] http://www.espectador.com.uy/1v4_contenido.php?id=188240&sts=1
[8] http://www.espectador.com/text/documentos/lacalle.htm
[9] http://www.elpais.com.uy/05/03/28/predit_145000.asp
[10] http://200.40.229.134/sesiones/AccesoSesiones.asp?Url=/sesiones/diarios/senado/html/19920701s0021.htm
[11] http://uruguaymilitaria.com/Foro/viewtopic.php?f=35&t=1282&start=15
3/10/09
Dejemos que las encuestadoras se peleen entre ellas diciendo que son las más precisas, y que los diferentes partidos digan que tal o cual encuesta está pagada por otro partido y por lo tanto no es imparcial. Pongamos los números de cada una en una tabla y después de las elecciones, veamos que conclusiones podemos obtener. Solo un comentario: es difícil hacer una comparativa entre los números presentados por cada empresa, debido a la forma en que las diferentes encuestadoras tratan a los partidos con menor intención de voto y especialmente a los indecisos; en particular, respecto de los indecisos, se aprecia que MPC e Interconsult parecen hacer una proyección de los mismos respecto a la inclinación final.
Estos son los números que figuran en los respectivos sitios web de las encuestadoras, al día sábado 03 de octubre de 2009:
| Encuestadora | FA | PN | PC | PI | AP | B/A | Ind | O | NC |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Cifra | 45 | 31 | 12 | 2 | | 3 | 7 | | |
| Equipos | 44 | 30 | 10 | 2 | | | 12 | 2 | |
| Factum | 44 | 32 | 11 | 2 | 1 | 2 | 8 | | |
| Interconsult | 42-45 | 32 | 11 | | | | | 4 | 7-11 |
| MPC | 37-42 | 35-38 | 17-22 | 3 | 1 | 3 | | | |
| Radar | 40 | 34 | 8 | | | 8 | | 1 | 8 |
FA = Frente Amplio,PN = Partido Nacional,PC = Partido Colorado, PI = Partido Independiente, AP = Asamblea Popular, B/A = Blanco o anulado, Ind = Indecisos, O = Otros, NC = No sabe o no contesta.
Fuente: los sitios web de las respectivas encuestadoras:
- Radar: http://www.gruporadar.com.uy
- Factum: http://www.factum.com.uy
- Equipos: http://www.equipos.com.uy
- Interconsult: http://www.interconsult.com.uy
- Cifra: http://www.cifra.com.uy
- Mpc: http://www.mpc.com.uy
9/8/09
En manos de quien debe estar el futuro de un país
En una escena de la película, durante una reunión desarrollada en la propia mansión y en la que participan el embajador alemán e importantes diplomáticos británicos, éstos discuten si es correcto que el destino de una nación deba ser decidido por la masa popular, o, en cambio las decisiones debieran estar a cargo de un selecto conjunto de notables con vastos conocimientos políticos, económicos y sociales. Durante la escena, uno de los participantes, para demostrar su punto a favor de la segunda alternativa, invita a Mr. Stevens a participar haciéndole algunas preguntas de política exterior y economía, a la que éste se limita a responder, en todos los casos, con la frase “me temo que no puedo ayudarlo en ese asunto”, no tanto por su desconocimiento de la materia o falta de opinión, sino por su convicción de que su trabajo es servir en la mejor manera posible a su Lord y no inmiscuirse en sus asuntos.
El tema es que yo, a menudo, me hago la misma pregunta. En manos de quién debe estar el futuro de una nación? Vivimos en una democracia representativa, en la que todos los ciudadanos del país mayores de 18 años, y salvo excepciones particulares, tienen el derecho y la obligación de dar su opinión mediante el voto. Votamos para elegir a nuestros representantes y son éstos quienes, en último caso, toman las decisiones. Votamos. Y de una forma u otra, la democracia en la que vivimos se fundamenta en la ley de las mayorías: la mayoría tiene la razón. Personalmente, siempre tuve mis reservas respecto de tal afirmación. Por mi parte, defino a la democracia como el sistema político en el cual la mayoría ignorante decide el futuro del país.
Para aclarar antes de ser malinterpretado: no me considero a mí mismo como un capacitado capaz de tomar las decisiones fundamentales que afectan al país, es decir, no me considero un miembro del selecto grupo de notables. Sólo me pregunto si lo mejor que podemos lograr es que el voto de cada persona sea exactamente igual, es decir, que todos los votos sumen uno. A qué me refiero? Debe valer lo mismo el voto de una persona que domina la política exterior, la economía, o las políticas sociales, que el de otra que no solo no domina ninguno de esos temas sino que tampoco le interesa? Nuestro sistema democrático le asigna los mismos derechos a quien dedica su vida a la política, que a los que venden alegremente su voto a cambio de un chorizo al pan con un vaso de vino, de un montón de bloques y algunas chapas, o de algunas monedas. Y sin ir a tales extremos, es exactamente lo mismo un individuo que se mantiene informado y procura escuchar todas las campanas antes de dar su opinión, que otro que solo mira un informativo para enterarse de los últimos resultados del fútbol?
Se que ya debe haber mucha gente criticándome por lo anterior... bueno, mucha gente es relativo, porque seguro que no es mucha la gente que lee esto. Pero de alguna manera tengo que exponer mi opinión. No me parece lo ideal que mi voto valga lo mismo que el de cualquier ignorante que le importa lo más mínimo el futuro del país, como estoy seguro es el caso de la mitad de la población. Estoy convencido que a una gran parte de la población de este país, se le quita la posibilidad de gritar goles los fines de semana y no sabe que hacer con su vida. De hecho, no le interesa otra cosa. Creo que junto a los lemas “sexo, droga y rock and roll”, y “libertad, igualdad y fraternidad”, también tiene su lugar “fútbol, droga y la madre que los parió”.
Obviamente, y como dije antes, no me pongo en el rol de un notable ni mucho menos. Mis conocimientos de política seguro está apenas en la media. Me preocupo por informarme, ver algún informativo, leo algún diario y ocasionalmente voy derecho a las fuentes, por ejemplo, el sitio web de los partidos políticos. Pero no estoy en contacto con quienes realmente toman decisiones. Solo me llega la información que ellos mismos y la prensa quieren que me lleguen, y en la calidad y medida que quieren; eso tiene que bastarme para decidir. Soy consciente que no es suficiente. En otras palabras, tampoco creo que mi voto deba valer lo mismo que el de un ministro, un diputado o incluso un militante activo de cualquier partido, que busca participar, y ser tenido en cuenta.
Es moneda corriente pensar que a los jóvenes no les interesa la política. Yo voy un poco más allá: a la mayoría de la gente no le interesa la política. Y no puedo evitar notar que es mucho mayor el desinterés en las clases sociales bajas. Pero quiero dejar claro que mi distinción no se fundamenta en esto. Si alguien con un poder adquisitivo menor que el mío (el cual es, por otra parte, no muy alto) tiene más voluntad, y demuestra más interés en participar de las decisiones, no tengo ningún problema en reconocer que su voto vale más que el mío. No me molesta que quienes lo merecen por esfuerzo, aunque más no sea simplemente leyendo más diarios, tengan mayor autoridad para participar de las decisiones. Pero sí me molesta, y es la verdad, que gente cuyo único interés son los resultados de fútbol, o el chusmerío barato, tengan la misma autoridad que yo.
Qué estoy proponiendo? Pues, absolutamente nada. Que no veo otra forma. Que soy segregacionista? Que quiero dejar gente afuera por motivos personales? Si de hecho lo hacemos continuamente. Votamos los mayores de 18 años. Y conozco sobrados casos de menores con mayor capacidad de decisión que muchos mayores, no solo de 18 años, sino de 40, aquellos más capaces de fundamentar porqué están a favor o en contra de tal proyecto (por ejemplo, sobre la ley de educación) que éstos, que no solo no son capaces de fundamentar tal cosa, sino que en algunos casos ni oyeron mencionar sobre ninguna ley, y no porque vivan en el medio del campo alejados de la civilización sino porque lo único que conocen es el plantel completo de Peñarol o Nacional, y no admiten que se hable de otro tema porque “la política no me interesa, es una mierda”.
En conclusión, no propuse nada. Solo di mi muy humilde punto de vista. Se que en las próximas elecciones voy a votar consciente de lo que estoy haciendo, y que mi voto va para el partido al que soy afín y al que más confianza le tengo. Pero también se que mi voto va a ser, comparativamente hablando, nada, porque por un chorizo al pan, y un vaso de vino o refresco, otros 15 votos van a ir en contra; votos que no son conscientes, votos que no son razonados y por tanto, sin temor de ser criticado, en mi opinión, son ilegítimos.
Sobre de en manos de quién debe estar el futuro de un país, sigo sin tener respuesta. Por ahora, tenemos una democracia representativa. Personas capacitadas (o no, pero que les interesa el tema, cada uno por sus razones) toman las principales decisiones. Tal vez sea lo mejor que podemos lograr. Tal vez no, y sea solo una escala en el proceso de evolución. Nunca viví bajo otro sistema (salvo mis primeros años que coincidieron con los últimos de la dictadura en este país pero sinceramente no los recuerdo y de seguro por entonces no me importaba como a mis padres), ni me imagino en otro sistema. Pero me permito plantearme el hecho de que no necesariamente es lo mejor a lo que podemos llegar; esto de una persona, un voto, es una de las cosas que más me hace dudar. Un voto pensado, aún con limitaciones, debería valer más que cien votos comprados; y un voto con pleno conocimiento de la causa, más aún. El problema es que, mientras quienes juegan las cartas, mal o bien siempre están, los otros, que miramos desde afuera y tratamos de pensar por nosotros mismos, al final vemos que una voz en la muchedumbre no es escuchada por el grito de una tribuna.
19/10/08
Pasó el Ancel Fest, pasaron Reincidentes
De todas formas puedo decir que me sorprendió que tocaran "Yaveh se esconde tras las rejas" ya que es un tema que levanta polémicas si no se tiene una idea de la ideología que expone y defiende el grupo, y más me sorprendí aún cuando al terminar el tema Fernando gritó "muerte al estado de Israel!" (dicho sea de paso, amén). De todas formas, un par de temas después complementaron con "Nazis nunca más"(amén) y pusieron las cosas en su lugar. Otro tema que me sorprendió que tocaran fue "Grana y oro", un tema de denuncia y protesta sobre la salvajidad de las corridas de toros, pero supongo que quisieron dejar una imagen de simpatía con Latinoamérica y demostrar que no por ser españoles creen que lo de allá es lo bueno, cosa que fue bien recogida por la gente.
Quedó claro que el grupo andaluz no es desconocido en el ambiente rockero uruguayo (salvo por los trogloditas que sólo conocen a una o dos bandas locales y no llegan más allá de eso), e incluso muchos nos sacamos las ganas de corear todas las letras. Lejos estuvo de haber pogo, pero no estuvo mal. Insisto que a mi gusto quedó sabor a poco.
Tal vez lo único negativo del toque fue el escupitajo que lanzó Fernando hacia la gente, y no entiendo porqué, aunque adivino que le habrán gritado algo. Casi inmediatamente se lo devolvieron tirándole una lata de cerveza (no completamente vacía), que al rato Fernando volvió a tirar hacia abajo al grito de "esto podéis meteroslo en el culo".
Seguro que había gente que fue a ver a su banda (en este caso Buitres) y todo lo que estuviese antes que demorase su actuación era un estorbo (Graffolitas, Reincidentes, La Chancha y Loquillo), pero los que fuimos a ver todo o a otras bandas (La Chancha también llevó su gente, y tantos "veteranos" fueron a ver a Loquillo, gestor de la música de su juventud cuando el rock uruguayo recién empezaba a hacer ruido, con unos Estómagos que también estuvieron presentes en la figura de Buitres) no fuimos defraudados.
Llegué un poco tarde para ver a Graffolitas (pensé que arrancaban 20:30, eso pasa por no mirar la entrada donde constaba claramente la hora de inicio) pero justo para Reincidentes (tal vez, si no hubiesen estado estos españoles no hubiese ido en absoluto). La Chancha no es de mis bandas preferidas pero igual me acompaña a veces en el ómnibus cuando voy a trabajar, y se puede afirmar que tocan exactamente igual para 150 personas como para 5000. Loquillo tampoco está entre lo que pagaría expresamente por ver pero igual fue disfrutable. Y Buitres ya fue otra cosa. Tras no menos de 45 minutos de espera luego de Loquillo, cuando Buitres arrancó se vivió otra fiesta. "Esto es para los que dicen que acá no hay pogo" dijo Gabriel, "se ve que los cronistas o los que escriben en las revistas o en internet se van a dormir a las doce" (o algo así).
Como curiosidad nomás se vivió un hecho particular. No es frecuente que en un mismo toque, aunque sea de bandas diferentes, suene el mismo tema dos veces, pero esta vez pudo pasar en dos oportunidades. Por un lado, Reincidentes tiene una versión del tema "Comerse un buey" de La Chancha, conjunto que lo seguía en el escenario; si los andaluces lo hubiesen tocado, sus creadores originales lo hubiesen repetido, pero en cambio no lo hicieron y sí lo hizo La Chancha, aunque con la compañía del vocalista de la banda sevillana (que no se acordaba de la letra). Por otro lado, la situación estaba dada con el tema "Cadillac solitario", el cual corresponde a la banda con la cual Loquillo se hizo famoso (Loquillo y los Trogloditas) pero que acá en Uruguay es conocida por la versión de Buitres (aunque la primera versión que se hizo fue de Cadáveres Ilustres, si alguien tiene alguna grabación que avise!). En este caso "Cadillac solitario" fue el tema con el cual Loquillo cerró su actuación y que posteriormente también hiciera Buitres sobre el final de su propia actuación, con la voz por momentos repartida y por momentos compartida entre Gabriel Peluffo y Loquillo.
En fin, un sábado que dejó una buena sensación, aunque insisto que con gusto a poco lo de Reincidentes (y si las otras bandas quisieran seguir tocando pocos se opondrían) y que valió la pena pagar 250 pesos por la entrada. Sí, claro, 250 pesos eran los dos días, 190 por cada uno, pero prefiero pensar que el viernes fui gratis y que el gasto que valió fue el del sábado (a lo sumo podría decir que pagué 60 por ver a Marky Ramone y Hereford) y 190 por todo el sábado. El resto me aburrió (Trotsky fue más de lo mismo, o sea, poco, 3 de Corazón me pareció que dejó el punk en Colombia y el rock en el aeropuerto, y Catupecu... me fui por la mitad).
Ahora a esperar hasta marzo, nos veremos en Durazno, si Carmelo quiere.
18/7/08
Día mundial de la prevención del suicidio
comentario sobre este día. Muchas personas conocen mis ideas respecto a esto, otras no, otras creen que apunto hacia eso y otras que sólo hago bromas pero que estoy muy lejos. La verdad, me tiene sin cuidado lo que crean de mí. Pero no puede escapar la idea de que me parece una auténtica estupidez hablar de “prevención del suicidio” como si habláramos de la prevención de una enfermedad mortal o de los accidentes de trabajo. Para ser directo, mi principal argumento es el siguiente: porqué a todos nos tiene que gustar la vida? Porqué, como afirman muchos, para todos, en forma universal y absoluta, el bien mas valioso que tenemos tiene que ser la vida? Sólo porque el común de las personas crea que la vida es algo hermoso y merece hacer cualquier esfuerzo por continuarla, no se convierte en una máxima universal. No, y no puedo estar más lejos de eso. La verdad, como en todo, y siguiendo la clásica frase “sobre gustos no hay nada escrito”, a algunos les puede gustar la vida, y a otros puede no gustarle. Yo estoy mucho más cerca de la segunda...
Siempre dije que voy a cambiar de opinión cuando alguien me exponga serios argumentos sobre porqué la vida es hermosa, y no se base en cuestiones subjetivas (cuando el adjetivo hermoso implica subjetividad). En todos lados hablan de campañas de prevención del suicidio, pero con el único fin de “salvar” a los suicidas de provocarse la muerte, sólo por el hecho de impedirlo. Aún no puedo entender cómo vivir debe ser un fin en sí mismo, cuándo la vida dejó de ser vida algo natural y pasó a ser una obligación moral y legal de todos los que nos ha tocado vivir y no morir por alguna causa, natural o no, y que debemos cumplir como si estuviera en un contrato, como si se lo debiéramos a alguien (y encima, a personas que ni siquiera nos conocen, y que lo hacen sólo para reducir las estadísticas, porque, al fin y al cabo, las personas solo somos estadísticas).
Algunos lo hacen por convicciones religiosas, otros lo hacen por convicciones morales, pero ninguno toma en cuenta la voluntad de las personas. Nadie soporta que un desconocido le diga lo que puede o no puede hacer, lo que debe o no debe hacer con su vida, pero todos están dispuestos a hacerlo con los demás. Aquí no uso la palabra todos como cuantificador universal sino como una referencia al conjunto mayoritario de personas que conformar lo que llamamos sociedad.
Hay gente que se ve agobiada por problemas, económicos, legales, sociales, de salud, etc, y no ven otra salida que acabar con su vida. Tal vez, muchas de ellas, no llegan a meditar lo que hacen ya que se ven movidas por la desesperación. Tal vez, esas personas sean las que puedan llegar a necesitar ayuda, y posiblemente con una simple orientación que les muestre un camino para cambiar su situación sea suficientte para que se den cuenta de que su problema tiene solución o de que, por lo menos, tienen algunas alternativas, otras cosas para hacer, o alguna manera de enmendar sus errores. Tal vez que no, y tal vez realmente estén mejor muertos; tomemos por ejemplo el controversial problema de la eutanasia. Personas que, por problemas de salud clínicamente irremediables, están condenadas a sufrir, ansiando su muerte pero sin poder hacerlo, por mano propia o con ayuda de terceros, porque otras personas, que no pasan por situaciones similares, y seguramente no conocen a nadie así, no les importa, sólo quieren sentirse bien sabiendo que “una persona no murió hoy”. Esto significa, a las personas les gusta imponer su voluntad por encima de la de los demás, incluso cuando se trata de la propia vida de los demás, y no la de ellos.
No puedo dejar de mencionar los intentos de suicidio provocados por desengaños (especialmente entre los adolescentes, relacionados a las parejas o la familia), de los cuales, en estos casos sí, se trata de impulsos totalmente puntuales. De estos no tengo la menor duda de que con poca ayuda, tal vez sólo escuchando sus problemas, se revierta la situación. Después de todo, sólo son adolescentes que ya no tienen lo que quieren con sólo pedirlo, ni tampoco lo pueden conseguir por medios propios. Más aún cuando se trata de otras personas. Lo mismo sucede cuando el intento de suicidio es como castigo para alguien, para causar culpabilidad, moral o legal, por haber hecho determinadas cosas.
Para otras personas, su problema puede ser la soledad. En una sociedad que en no poco tiempo, pero sí en forma constante, se ha vuelto totalmente individualista y consumista, que le rinde culto al éxito, y en la que lo único que cuenta es llegar a lo más alto, cueste lo que cueste, pisando la cabeza de la gente si es necesario, muchos se ven relegados a un segundo plano, ya sea por sus capacidades o habilidades, o por cosas de la vida que les ha llevado a caer de su sitio. Uno tiene muchos amigos cuando las cosas van bien, pero solo una mosca molesta se anima a acercarse cuando las cosas no salen. Caer de un sitial de privilegio, por errores propios o no, en estos días, significa quedar detrás de la multitud, que anteriormente eran los amigos, socios, compañeros. Tal vez, y sólo tal vez, este grupo de personas también pueda ser ayudado, mostrándole otro camino, otra forma, arrimándose y estando con ellas. Pero también hay que tener en cuenta que muchas veces esas personas no quieren la ayuda, porque ya han pasado por la situación una vez, o más, y no quieren volver a atravesarla. Francamente están en todo su derecho. Porqué deberían volver a insertarse en un grupo de personas, que, muy probablemente, vuelvan a hacer lo mismo? O lo que es peor, antes o después, él o ella hará lo mismo... Y en estos casos, nadie tiene derecho a inmiscuirse en sus decisiones.
Una causa con la que personalmente me identifico, es el vacío existencial. Como ya lo dije en otro post no muy antiguo (http://todoaporta.blogspot.com/2008/05/mi-vaco-existencial.html), personalmente no veo que mi vida tenga mucho sentido, y sólo siento que estoy aquí porque aún estoy aquí. Por ahora, pienso seguir aquí, no tengo ningún apuro por dejar de estar, pero la opción no está descartada ni mucho menos. En mi misma situación hay, calculo, millones de personas. Pasamos el día como una obligación, como algo que tenemos que hacer, y lo hacemos. De la misma forma que una máquina hace lo mismo, una y otra vez desde que la prenden hasta que la apagan, con la única diferencia que ella no tiene consciencia mientras que nosotros sí, pero con la similitud de que ambos no tenemos opción.
En aquél post, que recibió más comentarios que todos los otros juntos y eso que no son tantos (en realidad, el blog sólo lo tengo pensado para yo poder escribir cosas, algunas de ellas importantes, que realmente me pasan y siento, pero que no quiero hablarlo en persona sólo porque no me quiero complicar; en resumen, no está pensado para que otras personas lo lean... pero no me molesta que lo hagan, incluso me gusta que lo hagan, por eso no uso un cuaderno personal) mucha gente me recomendó ir a un psicólogo. Seguramente porque asumieron que yo necesitaba ayuda, o que quería ayuda. Les digo: NO. No necesito ayuda ni quiero ayuda, no es algo que empecé a pensar ayer, sino que lo arrastro desde los 12 o 13 años. Y en estos 15 años le di tantas vueltas como me fue posible y llegué siempre a la misma conclusión. No voy a opinar, en este caso, sobre si otras personas en mi misma situación piensan igual o sacarían provecho de ayuda externa. Sólo se que yo no la quiero.
En algún otro lado me dijeron, alguna vez, que si sentía que no había nada para mí acá, porqué no me iba a cualquier otra parte del mundo, donde hay gente que necesita ayuda, y empezaba una nueva vida. La respuesta es: No tengo ganas. Se que no hay nada interesante para mí acá, ni tampoco lo hay en otro lado. Las cosas, en las que tal vez me interesaría ayudar, son demasiado grandes, y se que en poco tiempo abandonaría. Ya he perdido toda la voluntad de empezar algo nuevo con espectativa.
En definitiva, esto que escribí lo hice a conciencia, sin fuentes externas, sin documentos, sin referencias, sólo con ideas que fui formando a lo largo de mi vida. Para mí, el suicidio es algo totalmente personal, y pienso que si el potencial suicida se deja ayudar (a veces con sólo ofrecerle ayuda ya alcanza) el mundo está en todo su derecho en hacerlo. Pero si no desea recibir ayuda, si ya tiene la decisión tomada, no creo que nadie tenga el derecho de impedirlo. Y menos la ley. No puede considerarse un delito el intento de suicidio. Obligar a una persona a vivir es exactamente igual a obligarla a que su color favorito sea el rojo, que le guste la ensalada y que le guste salir a mirar el atardecer a la rambla en pleno invierno. Son todas cosas personales, son gustos. Las personas no pueden ser obligadas a adquirir un gusto que no tienen. Y el suicido, para los que lo dicen, no es un gesto egoísta. Egoísta es poner a un anciano en un asilo y olvidarse de él, egoísta es obligar a un enfermo terminal a soportar dolor, físico o mental, sólo porque otras personas no pasan por situaciones similares, egoísta es tratar de tener más dinero o más poder a costa de que hayan millones de personas que se mueren de hambre o enfermedades simples, egoísta es tirar un perro a la calle porque ya está grande y molesta o los nenes ya no lo quieren, egoísta es no dejar que otras personas hagan lo que quieren sólo porque nosotros pensamos que eso es desagradable (a menos que sea para evitar provocar un daño a otros).
Un suicida no debe arrastrar a nadie, ni directamente ni indirectamente. Así como nadie debería tener el derecho de evitar que alguien se suicide, nadie debería tener el derecho de incitar a otros a hacerlo. Es una decisión personal, igual que lo es dedicarse a la medicina, a la política, o a las artes, o tener pasatiempos como juntar sellos o mirar televisión en forma compulsiva. Tampoco debería usar el suicidio como forma de escapar de un problema, trasladándoselo a otro; esto es difícil de conseguir, pero debería ser considerado al momento de tomar la decisión.
Pero ya me extendí demasiado. Sólo quería hacer una exposición a favor de la libertad de las personas a elegir hasta cuando vivir y cuando morir. Si alguien considera que que no es así, y que la vida debe preservarse por sí misma, sólo por el hecho de vivir, independientemente de los objetivos (de hecho, hacer de la vida un fin en sí misma) empiecen también a buscar la forma de que las personas puedan decidir no nacer... yo no quiero que nadie me imponga sus gustos personales sólo porque crea que son los correctos... para eso ya tengo la televisión que trata de venderme de todo.
Para los que me conocen y realmente les interesa algo, quédense tranquilos que todavía no es momento.... para todos, que disfruten del día...
Nota: la imagen es una reproducción del cuadro El Suicidio, de Edouard Manet y es de dominio público. Por detalles, acceder a: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Edouard_Manet_059.jpg
23/9/07
Los 11 principios de la propaganda
Joseph Gobbels (n. 29-10-1897, m. 01-05-1945) fue ministro de propaganda de Hitler, realizando un trabajo maravilloso por su causa. Hasta el último momento, el pueblo alemán se mantuvo fiel al régimen debido a su actuación. Ciertamente, sus dotes para la oratoria y el periodismo lograban sacar provecho hasta de las peores circunstancias. Como siempre, la historia la escriben los ganadores, pero siempre los ganadores aprenden también de los perdedores. En este caso, uno de los mayores legados de Gobbels son los once principios de la propaganda, que, aún hoy, son aplicados por todos quienes tienen algo que ganar convenciendo a quienes pueden hacer que lo ganen:
Principio de simplificación y enemigo único: adoptar una única idea, un único símbolo; individualizar al adversario como un único enemigo. Las personas comunes tienen una capacidad de concentración, razonamiento y retención de ideas pobre; si deben pensar diferente según los distintos adversarios pronto perderán el foco. En cambio, si todos los adversarios comparten todos los defectos, fácilmente los considerarán una misma cosa y encontrarán SU adversario.
Principio del método del contagio: reunir a los adversarios en uno solo, de forma de que puedan ser constituidos en una suma individualizada. Cuando el público se divide a los adversarios, no sólo se reduce la capacidad de ataque sobre ellos, sino que además pueden aparecer simpatías hacia los “adversarios de los adversarios”, incluso cuando estos últimos sean también adversarios de otra parte del público.
Principio de transposición: cargar sobre el adversario los propios errores o defectos. Los defectos propios, y las dificultades sufridas por cada individuo, deben ser reflejados en el adversario. Por otra parte, debe resaltarse el hecho de que las carencias propias y los problemas sufridos, son causados por el adversario. Tal vez, el argumento más sencillo sea “Tú estás mal porque él esta bien, él tiene lo que tú no, y te corresponde”.
Principio de la exageración y la desfiguración: cualquier detalle, por pequeño que sea, debe convertirse en una amenaza grave.
Principio de vulgarización: la propaganda debe ser popular, adaptada al menos inteligente de los individuos. Nuevamente, hay que tener en cuenta la capacidad de razonamiento de las personas normales; hay que hacer que puedan asociar fácilmente los defectos resaltados en el adversario con sus propios problemas sin tener que razonar mucho; la información debe ser directa, con palabras simples y sin ambigüedades. No debe dejarse nada a la interpretación del público, la interpretación debe ser una sola.
Principio de orquestación: la propaganda debe estar enfocada en un reducido número de cosas a la vez, atacadas desde diferentes puntos y repetidas incesantemente. Convencer a las personas de una sola cosa es mucho más sencillo que convencerlas de muchas al mismo tiempo. En cada momento, hay cosas que deben resaltarse como prioritarias, destacarlas, encontrar todos las visiones y usarlas. Tratar muchas cosas al mismo tiempo hace que las personas se confundan, se aturdan, y finalmente se desinteresen; tratar una sola, de muchas formas, todo el tiempo, en todos lados, hace que no tengan otra cosa en que pensar.
Principio de renovación: hay que emitir constantemente actualizaciones e informaciones. Por un lado, complementando el punto 6, se debe mantener al público enfocado sobre una misma idea, no dejar que pierda interés en ella y si es necesario hacerla mutar lentamente. Pero también hay que renovar las ideas cada cierto tiempo, de forma tal que cuando el adversario encuentre la forma de responder, el público ya esté interesado en otra cosa.
Principio de verosimilitud: hay que buscar argumentos en muchos lugares, en todas partes, y construirlos a partir de informaciones fragmentarias. Normalmente, el público no tendrá capacidad de corroborar si las noticias son verdaderas o las fuentes son confiables; sencillamente, si saben que un mínimo detalle es verdad, creerán que no tienen porqué dudar del resto, y si no encuentran ningún detalle que puedan identificar como falso, jamás dudarán de nada.
Principio de silenciación: silenciar las noticias sobre las cuales no se tienen argumentos o que favorecen al adversario. Obviamente, si no se tienen argumentos para convencer al público, jamás se debe siquiera mencionar la cosa, principalmente porque el público esperará dichos argumentos cuando el adversario exponga los suyos. Si no se puede tapar el pozo, es mejor desviar el camino.
Principio de transfusión: se debe aprovechar la historia y la cultura para convencer al público. Ya sea se trate de hechos históricos o de mitos y tradiciones, se debe mapear la actualidad al pasado, despertar los sentimientos más reprimidos, principalmente de odio y venganza, arraigados pero escondidos en lo bajo de la sociedad.
Principio de unanimidad: convencer a los individuos de que piensan como todo el resto de la sociedad. Crear una sensación de colectividad, de que todos piensan igual. Si un individuo está convencido de que piensa como los demás, tendrá convicción, y tenderá a intentar convencer a quienes piensen diferente. Quienes no piensen como el individuo, necesariamente serán adversarios.
La cita más famosa de Joseph Gobbels, es una de las más recitadas en todos los ambientes: “una mentira, dichas muchas veces, se transforma en verdad”. A modo de complemento, también se conoce la siguiente: “Miente, miente, que al final algo quedará... ...cuanto más grande sea una mentira, más gente lo creerá..."
Biografía de Joseph Gobbels
Joseph Gobbels nació en Renania el 29 de octubre de 1897, hijo de Fridrich Gobbels y Maria Oldenhausen. A los cuatro años de edad sufrió una osteomielitis causándole una deformación en las piernas, lo que, sumado a su baja estatura, le impidió alistarse en el ejército como voluntario durante la Primera Guerra Mundial. Luego de la guerra, estudió filología en varias universidades alemanas, obteniendo su doctorado en 1921. En 1923 consiguió un puesto en el Banco de Dresde pero lo perdió rápidamente, lo que causó que adoptara definitivamente ideas anticapitalistas, viendo al capitalismo como una conjura del judaísmo (por ese entonces, todos los bancos y periódicos estaban dominados por judíos). Ese mismo año apoyó el “Putsch de Munich” en el cual miembros del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (Nazi) intentó infructuosamente un golpe de estado (acto en el cual fueron apresados y condenados a prisión Adolph Hitler y Rudolph Hess entre otros). Desde su unión al partido Nazi, Gobbels propugnó la llegada al gobierno a través de los medios democráticos que ofrecía la República de Weimar (nombre internacional del Imperio Alemán tras la derrota en la Primera Guerra Mundial), encabezando el movimiento propagandístico del partido para las elecciones de 1930. Aunque el partido Nazi no llegó al poder, obtuvo un gran caudal de adhesiones (18%); dos años más tarde casi duplicó dicha cifra. Tras el enorme peso que había cobrado el partido, el presidente von Hindenburg no tuvo alternativa en nombrar a Adolph Hitler como Canciller. Lo que al principio debía ser un simple cargo nominal de vicecanciller negociado por el propio Hitler, tras la inesperada muerte de von Hindenburg Hitler se hizo con el poder absoluto del Reich (imperio) y Gobbels fue nombrado Ministro de Instrucción Pública y Propaganda. Gobbels escribió la casi totalidad de los discursos pronunciados por Hitler, y además le gustaba ser él mismo orador siempre que tuviese oportunidad. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Gobbels, partidario de la guerra total, apeló a todo su potencial para guiar la opinión pública, teniendo éxito hasta la propia caída del Reich, incluso cuando la derrota ya era segura, apelando a la solidaridad. Poco antes de la caída de Berlín, y tras intentar infructuosamente de convencer a Hitler de no suicidarse y en cambio huir, su esposa ordenó envenenar a sus seis hijos (Helga, Hilde, Helmut, Holde, Hedda y Heide, todos comenzados con H en honor a Hitler) con caramelos de chocolate con cianuro; el 1 de mayo de 1945, un día después del suicidio de Hitler y su esposa Eva Braun, Gobbels y su esposa pidieron ser ejecutados fuera del búnker de la cancillería y ser quemados al igual que el Führer. Sus cuerpos fueron encontrados por soldados rusos, al igual que los de sus hijos. En 1973 se les practicó la última autopsia antes de ser destruidos definitivamente. Hasta el último día, Joseph Gobbels fue uno de los mayores y más leales colaboradores de Hitler, y uno de los impulsores más importantes del régimen Nazi. Muchas de sus ideas y prácticas, son aún aplicadas en todo el mundo.
